ABORIGENES
  Alacalufes
  Onas o Selk´nam
  Yaganes o Yamanas
  Tehuelches

 

 
LOS ALACALUFES
 
       En las islas y canales del sur, más australes que los Chonos, desde la península de "Taitao" hasta la Tierra del Fuego vivieron los Alacalufes; probablemente fueron parientes de los Chonos.         Conservaron hasta muy poco tiempo atrás, su cultura primitiva casi intacta en un medio geográfico de aguas turbulentas, lluvias intensas y fuertes vientos, así como de islas también densamente boscosas que parecían impenetrables.  Se estima que en la actualidad aún quedan sobrevivientes mestizos de este pueblo, siempre dedicados a la búsqueda de alimentos en las costas y mar a bordo de canoas y botes posteriormente copiados o comprados a los chilenos blancos. 

Antes de la llegada de los españoles se calcula un número aproximado a 2500 individuos; consumían moluscos, peces, lobos marinos, aves, plantas silvestres y semillas.        

La embarcación era su vivienda natural y allí se instalaban las familias llevando el fuego, el arpón, el hacha y cuchillos de concha y huesos de animales marinos.        

También tenían creencias espirituales y en señal de duelo se pintaban la cara de negro.

 
 
LOS ONAS O SELK´NAM
 
      Los Selk'nam vivían en la Isla Grande ; eran, con los Tehuelches, los indios más grandes de América, con 1,80 m de tamaño medio, y su fuerza física asombraba a sus visitantes europeos (en el siglo 17, el tamaño medio de los europeos rondaba los 1,65m), como a sus vecinos indios, quienes les temían bastante.

Sobre todo eran cazadores, nómades, y a veces pescadores en los ríos. También solían compartir con los yamana a una ballena varada en una playa; en paz con los yamana en esa oportunidad, aprovechándose así de la grasa del animal. El guanaco constituía su principal fuente de carne, pero también cazaban aves y roedores. Y también se nutrían de cosecha de frutas y hongos.

Su arma era el arco, el cual además de necesitar destreza requería ser fuerte, por su tamaño.

En casi cada ocasión o actitud de la vida diaria se nota la fineza de sus costumbres social. Cuenta Lucas E.Briges :  "Al carnear un guanaco, los onas generalmente dividían la res en seis pedazos para facilitar su transporte. Esta vez, Tamimeoat cortó el animal en tantos trozos como hombres y a cada uno le arrojó su parte. En cada caso, el beneficiado era el único individuo que no mostraba interés en este reparto ; simulaba estar arreglando el fuego o sacando sus mocasines, o mirando al vacío, hasta que otro miembro del grupo le llamaba la atención sobre el regalo recibido ; entonces él lo levantaba casi sin mirarlo, y sin demostrar ningún placer, lo ponía a su lado.
Talimeoat y Kaichin no se habían reservado ni un pedacito, ni siquiera el pecho, que siempre era considerada la porción del matador. Después de un rato, algunos de aquellos a quienes, quizás a propósito, se les había dado una porción mayor que a los demás, la dividieron con los afortunados cazadores. Entre los indios onas ése era el modo correcto de repartir la carne en tales circunstancias..."

Aunque eran nómades, la Isla Grande había sido dividida en 39 'distritos', separadas por ríos, piedras, árboles,... distritos trasmitidos de padre a hijos, mientras una 'familia ona' viviendo en ese territorio podía alcanzar 120 individuos. Ese reparto instituía algo como la propiedad, y cada tribu normalmente no se iba de caza afuera de su propio distrito, sino a veces para hacer la guerra, o con un ceremonial muy preciso (o torneos de lucha).

Dice Lucas E.Briges :  "Los Onas no tenían jefes hereditarios no electivos, pero los hombres que sobresalían por su habilidad, casi siempre se convertían de hecho en dirigentes. Sin embargo, uno podía ser el jefe de hoy y otro mañana, pues se lo cambiaba según la empresa a cometer y se designaba al mas vehemente partidario de cada una. La categoría social entre ellos fué bien definida, años después por el jovial Kankoat.
Un hombre de ciencia nos visitó una vez en esa región, y en contestación a las preguntas que me hacia le dije que los onas no tenían jefes, según nuestra aceptación de la palabra. Viendo que el no me creía, llamé a Kankoat, que entonces hablaba bastante bien español. En contestación a la pregunta que le hizo el visitante, Kankoat demasiado amable para contestar con una negativa, dijo : 'Si, señor, los onas tenemos jefes : todos los hombres son capitanes y todas la mujeres son marineras.'
No conocían la disciplina. Sin embargo, el mas despiadado, el mas fuerte, ya sea físicamente o mentalmente, o el asusto capaz de una traición, podía dominar la comunidad."

Esa otra anécdota de Lucas Bridges muestra esa sensibilidad de los Onas : "Talimeoat y yo contemplamos largo rato y en silencio los sesenta y cinco kilómetros de colinas cubiertos de bosques que se extendían a lo largo del lago Kami (lago Fagnano), envueltos en los tintes del magnifico crepúsculo. Yo sabia que él buscaba en la distancia cualquier señal de humo de los campamentos de amigos o enemigos. Luego se sentó a mi lado y olvidó su vigilancia y hasta mi propia presencia. Yo, al sentir el frío de la tarde, estaba a punto de proponerle que nos pusiéramos en marcha, cuando exhaló un profundo suspiro y dijo para sí, en voz queda, y con el acento que sólo un ona puede dar a sus expresiones : 'Yak haruin ! (¡Mi tierra!)'."

Cuenta Lucas E.Briges, con su humor british, esa anécdota bien graciosa :  "Uno de los onas se ausentaba frecuentemente por largos periodos para trabajar en la isla Picton. Durante una de sus ausencias, su mujer dió a luz un niño de tez blanca, pelo rubio y ojos celestes (debo dejar bien establecido que mis ojos son castaños y que en esa época mi pelo era casi tan negro como el de un ona). Yo, perplejo, me preguntaba qué diría el indio al ver ese extraño vástago.
A su subido tiempo volvió el indio de la isla Picton, y uno o dos días después vino a visitarme para pedirme una pastilla de jabón ; no del común, sino del mágico jabón de color de vidrio oscuro y forma de un huevo de ganso de las montañas. Yo no comprendí al principio a qué se refería ; pero él me explicó de muy buena fé que durante su ausencia su mujer había tenido un hijo moreno como todos los niños onas, pero que cuando él lo había conocido ya se le había aclarado maravillosamente la piel y el cabello. Al preguntársele a la esposa sobre esta increíble transformación, ésta, apoyada por el testimonio de las dos mujeres que la habían atendido, atribuyó el milagro a una pastilla de jabón mágico que le había dado mi hermana Alicia. Dijo también que un poquito de jabón había entrado en los ojos del niño, que se había vuelto al momento celestes como el cielo. El orgulloso padre estaba tan impresionado por esas maravillas que venia a buscar otra pastilla."

Nos cuenta Lucas Bridges esas anécdotas sobre la educación de los niños : "Cuando una criatura, sana en apariencia, lloraba incesantemente, la madre daba muestra de impaciencia y solía gritar prolongadamente dentro de los oídos del pequeño. Generalmente, el niño cesaba de llorar. [...]
Cuando un niño tenia sed, la madre, para evitarle la impresión del agua helada, la entibiaba en su boca y luego la dejaba caer dentro de la de su hijito."
"Los niños eran tratados cariñosamente por todos y muy apreciados por sus padres. Aunque esta gente jamas se besa, he visto a algunos hombres acercar sus labios a los cuerpecitos de sus niños.
Cuando los hombres se hacían demasiado viejos para salir a cazar, podían contar que sus hijos los abastecerían y defenderían. Siempre se podía encontrar a otra mujer pero a los hijos no era tan fácil reemplazarlos."

"Al ona no le preocupa el vestido ; para él, sólo es motivo de vergüenza mostrar el cuerpo cuando es deforme u obeso ; este último defecto demostraría que es un glotón y que, como probablemente no es cazador, su mujer tiene que alimentarlo con pescado [...] El cazador tiene que ser delgado y no comer demasiado, porque sino se volvería vago, mientras sus mujeres tiene que ser gordas (prueba de que esta un cazador q se respecta)"

La poligamia era común, pero era raro que un hombre tuviera más de dos mujeres, lo cual hubiera sido considerado con una mezcla de envidia y de burla.

 
 
LOS YAGANES O YAMANAS
 
       Los Yaganes constituían indudablemente el pueblo más austral del continente habitando la región sur de Tierra del Fuego e incluso al sur del Canal "Beagle". Prácticamente no conocían la cerámica ni la agricultura.

        En su propio idioma "Yamana" quiere decir "Ser Humano" y se trataba de un pueblo nómade que aprovechaba los ecosistemas más favorables. Se dedicaban a la cacería de lobos marinos, especies terrestres como el zorro y el huanaco y participaban también en la recolección de vegetales y moluscos. 

Se les consideraba hábiles pescadores, diestros con el arpón e incluso hábiles buceadores; a pesar del extremo frío de las aguas del estrecho, las mujeres "Yamanas" se zambullían desnudas para obtener moluscos.

        Se le reconocen grandes méritos como tejedores de fibras vegetales, con las que confeccionaban collares y cestas, también elaboraban collares de hueso, valiéndose del cuero de lobos marinos fabricaron balsas y con la corteza y madera de los árboles hicieron canoas y también recipientes para el agua.

 
 
LOS TEHUELCHES ( AONIKENK )
 

Los Tehuelches (o Patagones) vivían en el sur de la Patagonia , entre el río Santa Cruz y el estrecho de Magallanes. En un tiempo remoto, esos cazadores convivieron con fauna actualmente extinguida como el famoso milodon y el caballo enano. Tienen unas similitudes con los otros indios de Patagonia mas al norte (Mapuches, Pehuelches) con les cuales tenían contactos. Los primeros viajeros anotaron los parecidos en el modo de cazar por ejemplo, con los otros indios que ya conocían : los indios del Río (de La Plata ).
De aproximadamente 4.000 o 5.000 antes de la llegada en aquel país de la civilización europea, los últimos tehuelches fueron reducidos a sectores como Camusu Aike y Lago Cardiel, antes de desaparecer como pueble indio.

Se puede distinguir entre los Aonikenk (Tehuelche Meridionales) y los Günün-A-Küna (Tehuelche Septentrionales).

El primero europeo a conocer esos indios australes fue Antonio Pigafetta, cronista de la expedición de Magallanes (1520). Fue el que inicio el mito respecto al gigantismo de los patagones.
Como termino medio tenían 1,80 metros de altura. Dice Dumont d'Urville que le impacto 'su enorme ancho de las espaldas, su cabeza ancha y gruesa y sus miembros macizos y vigorosos' destacando que 'constituye una bella raza de hombre, plenos de fuerza y vigor' .

Eran muy destrozos con la boleadora, sea de a una, dos o tres bolas. También usaban lanza y arco. Con el hombre blanco llego el caballo, y los tehuelches se convirtieron en jinetes increíbles. Casaban el guanaco y el ñandú. Tenían (usaban) muchos perros (ruidosos y penosos dijeron los viajeros).